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Quirónsalud: Liderazgo en ensayos clínicos de fases tempranas

Quirónsalud: Liderazgo en ensayos clínicos de fases tempranas

El primer paso en el acceso a la innovación farmacológica reside en las fases tempranas del ensayo clínico, un terreno donde la red hospitalaria Quirónsalud ha consolidado su posición como referente en el sector privado español. Más de la mitad de los 410 estudios que la red activó en 2025 se concentran en las fases I y II, las más exigentes metodológicamente y las que determinan si un compuesto merece continuar su desarrollo. Este volumen de investigación temprana posiciona al grupo como infraestructura de elección para promotores farmacéuticos y biotecnológicos que buscan acelerar el paso de la molécula al paciente.

1.500 ensayos activos y el 73% en oncología: la cifra del negocio de I+D de Quirónsalud

La red Quirónsalud gestionaba a cierre de 2025 aproximadamente 1.500 ensayos clínicos activos, una cifra que la sitúa entre las plataformas de investigación más densas de la sanidad privada europea. El grueso de esta actividad, el 73%, se concentra en oncología, campo donde la complejidad fisiopatológica de los tumores y la resistencia a tratamientos convencionales obligan a una renovación constante del arsenal terapéutico.

El año pasado la red incorporó 410 nuevos estudios. De ellos, más del 53% correspondieron a fases I y II, es decir, a los estadios donde se valida la seguridad, la dosis y la señal de eficacia preliminar. Estas fases tempranas son, paradójicamente, las menos visibles para el público general y las más determinantes para el futuro de un fármaco. Un compuesto que no supera la fase I por toxicidad inaceptable no llega a generar noticias; simplemente desaparece del pipeline.

La prevalencia de oncología en el portfolio de Quirónsalud no es casual. Los tumores representan el área terapéutica donde la presión de la resistencia farmacológica y la heterogeneidad genética del paciente obligan a una innovación más acelerada. Para los hospitales, esto se traduce en una captación de pacientes con enfermedad avanzada que han agotado líneas terapéuticas estándar. Para los promotores, en acceso a poblaciones tratadas que permiten aislar el efecto del nuevo compuesto.

Qué implica para el hospital que el 53% de sus nuevos ensayos sean de fases tempranas

Una red hospitalaria que concentra más de la mitad de su incorporación anual en fases I y II está asumiendo un perfil de riesgo y complejidad distinto al de los centros que operan mayoritariamente en fases III y IV. La fase I exige unidades de investigación con capacidad de monitorización intensiva, farmacocinética en tiempo real y gestión de eventos adversos potencialmente graves. La fase II añade el reto de la selección de biomarcadores y los criterios de respuesta temprana.

Para la dirección de gestión de un grupo hospitalario, esto tiene tres lecturas operativas. Primera: la inversión en infraestructura de investigación clínica, que incluye desde unidades de fase I con camas dedicadas hasta laboratorios de biomarcadores y equipos de coordinación de estudios, se convierte en un activo diferenciador frente a la competencia. Segunda: el volumen de ensayos tempranos actúa como imán para la captación de talento médico e investigador, especialmente en oncología y hematología. Tercera: la relación con la industria farmacéutica se estructura más en torno a alianzas estratégicas que a contratos de servicio puntuales, con implicaciones en los términos económicos y la duración de los acuerdos.

La confianza que los promotores depositan en Quirónsalud para estas fases, según el propio grupo, deriva de la capacidad demostrada para cumplir los estándares de seguridad y eficacia que la investigación regulada exige. En un mercado donde la competencia por atraer ensayos clínicos se ha intensificado entre los principales grupos hospitalarios españoles, esta reputación se traduce en pipeline sostenido y, por extensión, en ingresos por investigación que diversifican la matriz de facturación del hospital.

El negocio de la investigación clínica en la sanidad privada española: contexto y tendencias

La sanidad privada española ha incrementado sistemáticamente su participación en la investigación clínica patrocinada por la industria durante la última década. El crecimiento no es homogéneo: se concentra en los grupos hospitalarios con capacidad de ofrecer cobertura multirregional, acceso a bases de pacientes amplias y tiempos de incorporación competitivos frente a centros públicos con listas de espera más dilatadas.

La oncología lidera la demanda de ensayos por razones demográficas y comerciales. El envejecimiento de la población y la incidencia creciente de ciertos tumores expanden la población de pacientes potencialmente elegibles. Simultáneamente, la industria biotecnológica, con menor estructura comercial que la farmacéutica tradicional, depende más de la evidencia temprana para atraer inversión de capital de riesgo o acuerdos de licencia. Esto alimenta específicamente la demanda de fases I y II.

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Para los fondos de inversión y operadores de private equity con posiciones en sanidad española, la investigación clínica se ha convertido en un indicador de valoración. Un hospital o red con unidad de fase I consolidada y volumen de ensayos creciente presenta múltiplos superiores en procesos de venta o refinanciación. La razón es doble: los ingresos por investigación son recurrentes mientras dura el contrato del ensayo, y la actividad investigadora eleva el perfil de captación de pacientes complejos que luego derivan en utilización de otros servicios del hospital.

Dato de mercado

La inversión en I+D farmacéutica en España se ha recuperado tras la pandemia, pero la dependencia de ensayos en fases tempranas realizados en el extranjero sigue siendo elevada. La capacidad de retener esa fase del pipeline en territorio nacional es uno de los argumentos que los grupos hospitalarios privados utilizan en sus conversaciones con la administración sanitaria y con fondos de inversión.

De la fase II a la comercialización: el embudo que define el retorno de la innovación

El dato del 53% de ensayos en fases tempranas tiene una lectura inversa que interesa a gestores e inversores: aproximadamente la mitad de los nuevos estudios de Quirónsalud ya se sitúan en fases IIb, III o IV, donde la probabilidad de que un compuesto llegue al mercado es sustancialmente mayor y los acuerdos de acceso temprano o los contratos de suministro post-aprobación generan flujos de caja más predecibles.

La transición entre fases no es automática. Un ensayo de fase II con resultados positivos debe negociar su escalada con el promotor, un proceso donde la experiencia previa del centro en estudios similares y la calidad de los datos generados pesan en la decisión de continuar con el mismo hospital o migrar a otra infraestructura. Quirónsalud enfatiza que su volumen en fases I y II es precisamente la base para que los estudios más avanzados se desarrollen también en su red, completando el ciclo hasta la fase IV y los registros de farmacovigilancia post-comercialización.

Para el paciente, particularmente para quienes han agotado opciones terapéuticas estándar, la disponibilidad de ensayos en fases tempranas representa una vía de acceso a innovación farmacológica no comercializada. Esta es una de las argumentaciones que los grupos hospitalarios privados emplean tanto en su comunicación institucional como en las negociaciones con aseguradoras y mutuas de salud, donde la cobertura de ensayos clínicos se ha convertido en un elemento de diferenciación de los productos de alta gama.

Calendario y próximos hitos: la regulación europea del ensayo clínico y su impacto en 2026

El reglamento europeo de ensayos clínicos, en vigor desde 2022, ha estandarizado parcialmente los procedimientos de autorización entre Estados miembros, pero la implementación nacional sigue generando fricciones. En España, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) ha reducido los tiempos de evaluación de solicitudes en los últimos dos años, aunque los plazos reales de incorporación del primer paciente siguen siendo una variable crítica que los promotores ponderan al seleccionar centro.

Para Quirónsalud, el volumen de 2025 y la estructura por fases constituyen una base de referencia contra la que se medirán los resultados de 2026. La pregunta relevante para el seguimiento del sector es si la red mantendrá la proporción de ensayos tempranos o si la presión de los promotores por acelerar el desarrollo de moléculas maduras desplazará el equilibrio hacia fases más avanzadas. La respuesta depende en parte de la evolución del pipeline biotecnológico europeo y de la capacidad de competencia de otros grupos hospitalarios españoles que están reforzando sus propias unidades de investigación.

El próximo dato público que permitirá calibrar esta trayectoria será la presentación de resultados anuales del grupo para el ejercicio 2026, donde la actividad de investigación clínica suele aparecer como métrica de diferenciación estratégica. Hasta entonces, el indicador a vigilar son las comunicaciones de nuevos acuerdos con promotores de fase I, particularmente en oncología de precisión y terapias celulares, áreas donde la capacidad de infraestructura se convierte en restricción real del mercado.

Preguntas frecuentes

¿Qué diferencia hay entre un ensayo de fase I y uno de fase II?

La fase I evalúa la seguridad y determina la dosis máxima tolerable en un grupo pequeño de voluntarios o pacientes. La fase II amplía la muestra para detectar señales preliminares de eficacia en la enfermedad objetivo y afinar el régimen de dosificación.

¿Por qué oncología concentra el 73% de los ensayos de Quirónsalud?

La complejidad biológica de los tumores, la aparición de resistencias a tratamientos existentes y la demanda de opciones para pacientes en fase avanzada hacen de oncología el área terapéutica con mayor presión innovadora y, por tanto, con mayor volumen de ensayos clínicos patrocinados por la industria.

¿Qué ingresos genera un hospital por un ensayo clínico?

Los términos económicos varían según la fase, la complejidad del protocolo y el número de pacientes incorporados. Los ensayos en fases tempranas suelen tener un coste por paciente superior debido a la intensidad de monitorización, mientras que los de fases III y IV aportan volumen y estabilidad de ingresos a lo largo de varios años.

Información publicada originalmente por iSanidad.

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